Hay un concepto del que ahora se habla continuamente: el de la “digitalización”. Las entidades financieras están inmersas en una dura carrera, en realidad una auténtica maratón, para adaptarse a las exigencias que la digitalización implica.

Una de las últimas propuestas relativas a esta idea tiene que ver con la creación del “euro digital”, una forma de dinero que emitiría el Banco Central en un formato estrictamente digital, sin soporte físico (https://www.ecb.europa.eu/pub/pdf/other/Report_on_a_digital_euro~4d7268b458.en.pdf). Su impacto podría ser semejante al que tuvo en su momento la introducción de la moneda por los griegos, una innovación que dio origen a un nuevo sistema con un conjunto de características y reglas propias diseñadas para hacer que la población confiara en él y lo utilizara en su vida diaria.

Hay algunas preguntas que rápidamente vienen a la cabeza para poder entender y definir el alcance del cambio:

  • ¿Cómo se verán afectadas las entidades financieras?
  • ¿Podrán los clientes minoristas acceder directamente a estas monedas? Si éste fuera el caso, ¿perderán los bancos la función de intermediarios financieros?
  • ¿Cuál será la infraestructura y el diseño funcional de la nueva forma de dinero?

Se estima que se tomará la decisión acerca de si se emite este tipo de moneda hacia mediados de 2021. A partir de ese momento surgirá el proyecto de implementación que podría durar un mínimo de 2 años.

La experiencia en otros grandes programas de adaptación a una realidad cambiante, como la transición de las referencias LIBOR en el que Projecting ha colaborado tanto en UK como España, permite anticipar un esquema de líneas de trabajo (“workstreams”) que habrán de incluirse en la estructura del proyecto de implantación:

  1. Legal: El euro digital plantearía diversas cuestiones legales, involucraría nuevos documentos y políticas legales, así como revisar los existentes.
  2. Negocio: Qué áreas están afectadas. Este punto ayudará a identificar los actores (“stakeholders”) clave que estarán involucrados en el proyecto.
  3. Contabilidad: ¿Supone algún cambio a la hora de contabilizar?
  4. Operacional: Desafíos importantes pueden surgir alrededor de la nueva infraestructura requerida. Hay que identificar qué sistemas y procesos están afectados, qué nuevos desarrollos y tecnologías serán necesarias. Ambas formas de dinero (las existentes hoy en día, así como el nuevo euro digital) convivirían, implicando que los procesos y sistemas para ambas tendrían que coexistir y confluir.
  5. Cumplimiento y blanqueo de capitales: Los pagos usando euro digital deberán respetar las normas de lucha contra el blanqueo de capitales y evasión fiscal.
  6. Comunicación: Qué mensajes hay que enviar a los clientes fuera de la organización (a través de la página web, carta, telefónica, …)
  7. Riesgo cibernético: Desafíos técnicos conllevan riesgos cibernéticos. Revisar la gestión de los mismos formaría parte del proyecto.

Los actores del sistema financiero deben estar preparados para este cambio y prever en la medida de lo posible sus impactos, así como planificar en que consistiría el gran proyecto de integración, implementación y adaptación a esta nueva forma de dinero.